Prepara La Siembra – Datos para cultivar.

Prepara La Siembra – Datos para cultivar.

Prepara La Siembra

Cuando se acerca la época de siembra y para que la plantación vaya bien y, en otoño, la cosecha sea cuantiosa y potente, hay que prepararse a conciencia. Muchos de los errores más frecuentes en el cultivo del cannabis se pueden evitar con una correcta preparación de la cosecha. El cannabis necesita un lugar soleado, tierra esponjosa rica en materia orgánica y abundante agua.
Un poco de dedicación durante el cultivo se verá recompensado con una mejor cosecha. Para cosechar cannabis de calidad, la planta debe crecer en inmejorables condiciones. Por otra parte, si creamos un ecosistema adecuado para la marihuana, las plantas se desarrollarán sanas y fuertes lo que nos ahorrará más de un quebradero de cabeza y mucho trabajo.
Para empezar hay que localizar un buen emplazamiento para el huerto. La mayoría de los agricultores urbanos están limitados a sus terrazas por lo que poco pueden hacer por mejorar la situación. Los cultivadores rurales o los que planten cultivos de guerrilla, sí pueden escoger.
El lugar ideal estará orientado al sur para que reciba el mayor número posible de horas de sol directo. Cuanto más sol tenga la planta, más grandes y potentes serán los cogollos. La marihuana necesita abundante agua y es conveniente que la haya cerca de la plantación. No es nada divertido pasarse el mes de agosto, que es cuando más riego necesitan, acarreando litros y litros de agua para las plantas.
Es recomendable buscar un lugar discreto, a ser posible invisible para extraños, cotillas o vecinos. Siempre que sea posible el huerto deberá estar protegido de los vientos fuertes; una brisa suave beneficia y fortalece las plantas pero si el aire es demasiado fuerte tiende a deshidratar las hojas y multiplica el consumo de agua. También puede destruir parte de las glándulas de resina.

Contenedores y macetas

Plantar cannabis en macetas tiene su truco. Una maceta contiene poca tierra si la comparamos con la que tiene una planta que crece en el suelo. Con tan poco substrato, los nutrientes se agotan pronto, la tierra se seca con rapidez y el nivel de sales de la tierra crece con cada riego. En general las marías, para crecer bien, necesitan cuatro o cinco litros de tierra por cada 30 cm de altura. Para una planta de balcón de un metro y medio o dos metros irá bien una maceta de veinte o treinta litros. Cuanto mayor sea la maceta más fácil será abonar sin sobrefertilizar ni quemar la planta. Un tiesto pequeño pide problemas.

Los tiestos de barro transpiran más que los de plástico. Esto hace que se conserven más frescas algo muy importante en un clima tan caluroso como el nuestro, pero se secan antes y hay que regarlas más a menudo. Las macetas de plástico son más cómodas por su menor peso pero se calientan mucho, especialmente las de color negro. Las blancas funcionan mejor.
Cuando la tierra se reseca y se contrae queda un espacio de aire entre la tierra y la pared de la maceta. Las raíces que viven entre la tierra y la maceta quedan expuestas al aire y las altas temperaturas lo que suele matarlas. Al morirse las raíces, el crecimiento y desarrollo de la planta se ven perjudicados. Para evitar que suceda hay que mantener la tierra húmeda y fresca (sombreando los tiestos si es necesario). Siempre que veamos un hueco entre la maceta y la tierra, debemos taparlo.
Es importante poner en el fondo de la maceta, antes de echar la tierra, una capa de grava, arlita, roca volcánico, etc. de unos dos centímetros que facilite el drenaje de la tierra. Los riesgos de regar en exceso, como pudrir las raíces., se evitan en parte con esta capa de drenaje.
Las jardineras funcionan bien porque cabe una gran cantidad de tierra y varias marías pero, si una de las plantas resulta ser un macho o tiene alguna plaga es difícil sustituirla sin dañar las raíces del resto.
Plantación en el suelo: la madre tierra
Aquel que tenga un suelo donde plantar, parte con grandes ventajas: la cantidad de tierra de que dispone cada planta es muy grande y no es tan fácil que las sales se acumulen. Durante los meses más calurosos la tierra no se calienta tanto como cuando está en macetas. Sin embargo, aún plantando en el suelo, se deben tomar algunas precauciones.
¿Cómo es la tierra? Casi todas las tierras suelen ser una mezcla de arcillas, arenas y materia orgánica en descomposición. Cuando una tierra tiene una gran parte de arena, se denomina tierra arenosa. Estas tierras retienen mal la humedad pero drenan excelentemente y las raíces reciben abundante oxígeno. Las tierras arcillosas, por el contrario, almacenan mucha agua pero a costa de un peor drenaje y una oxigenación más pobre de las raíces. Al cannabis no le gustan las tierras arcillosas.
La tierra ideal debe ser poco arcillosa, drenar bien pero almacenar la humedad necesaria, ser esponjosa y permitir una buena oxigenación de las raíces. Al mismo tiempo, debe tener una gran cantidad de materia orgánica. Si tiene la textura adecuada, la tierra húmeda debe compactarse y formar una pelota al apretar un puñado entre las manos pero se debe poder deshacer con facilidad.
Si la tierra de que disponemos es demasiado arenosa o arcillosa, mejoraremos su textura añadiéndole materia orgánica: el compost, el mantillo o el estiércol bien descompuesto son elecciones seguras.

Si la tierra es muy pobre también hay que añadir elementos nutritivos sea en forma de abonos orgánicos (compost, estiércol, guano, harina de sangre o de huesos, humus de gusanos…) o abonos granulares de acción lenta. Es mejor añadir los acondicionadores, especialmente si son orgánicos, unos meses antes de plantar para que se vayan descomponiendo y liberando nutrientes.
A menudo resulta más adecuado hacer un buen agujero en el terreno, de al menos 50 cm. de diámetro y otro tanto de profundidad, y rellenarlo con tierra comercial de saco que intentar arreglar la tierra que tenemos. Esta técnica nos permite controlar con exactitud qué contiene la tierra. Para reducir el consumo de agua, es práctico cubrir el fondo del agujero con plástico lo que evitar la excesiva filtración del agua manteniendo la humedad cerca de las raíces.
Para mejorar la tierraMúltiples y variados son los elementos acondicionadores que mejorar la textura de la tierra. Listamos algunos de los más comunes junto con sus características sobresalientes:
Arena: Mejora el drenaje de la tierra y la aireación de las raíces. No es conveniente usarla como único acondicionador para una tierra arcillosa pesada, no sería suficiente.
Grava: Mejora el drenaje. Pesa bastante. Es muy adecuada como capa de drenaje al fondo de la maceta.
Arlita: son bolitas de arcilla expandidas con calor. Pesan poco, mejoran el drenaje y la oxigenan las raíces. Es un acondicionador excelente, aunque resulta algo caro.
Perlita: almacena aire y nutrientes en sus múltiples orificios. Airea muy bien la mezcla y drena con rapidez. Es un material muy ligero que se puede transportar fácilmente, por lo que es ideal para el cultivo de guerrilla. No es nada sano respirar el polvo seco de la perlita, hay que mojarla antes de manipularla o usar una mascarilla.
Vermiculita: es mica expandida con calor. Se utiliza para dar textura a las tierras que drenan demasiado porque absorbe gran cantidad de agua y nutrientes.
Rocas volcánicas : Se utilizan para dar mejor drenaje a la mezcla, también airean las raíces. Su superficie rugosa, llena de huecos y agujeros, almacena agua, aire y nutrientes para las raíces.
Compost: es materia orgánica en descomposición. Para fabricar compost se amontona la materia orgánica (hojas y plantas muertas, estiércol, restos de comida…), se humedece y se le añade algún elemento alto en nitrógeno (guano, orina, estiércol de pollos..) antes de dejarlo descomponer durante un año. Se puede tapar con una lona para acelerar el proceso. Si se añade compost a la tierra antes de que se descomponga bien, robará el nitrógeno a las raíces en lugar de proporcionárselo. Esto ocurre porque la descomposición de la materia orgánica requiere nitrógeno. Un buen signo de que el compost está listo para usarse y que liberará nitrógeno en lugar de consumirlo es un fértil y rico color oscuro. El compost contiene en ocasiones muchas semillas de malas hierbas o huevos de insectos.
Estiércol: Hay muchos tipos de estiércol, dependiendo del animal que los produce: caballo, vaca, oveja, cerdo, pollo, paloma… Aunque su contenido en nutrientes varía, tienen buenas cualidades como acondicionadores del terreno. En general, es mejor usar estiércol bien descompuesto.
Humus de gusanos: Son cagarrutas de lombrices. Constituyen un excelente abono para el cannabis a la vez que aportan textura a la tierra. Es muy difícil pasarse porque no quema las raíces pero no conviene poner más de un 30% de la mezcla.
Turba: La turba es materia orgánica parcialmente descompuesta. Viene de zonas donde el frío y la humedad han logrado que la descomposición se produzca muy lentamente. Absorbe mucha agua y da textura a la tierra aunque si se seca completamente resulta difícil volverla a humedecer. Es ese caso funciona muy bien añadir dos o tres gotas de jabón líquido concentrado por cada cinco litros de agua de riego. El jabón contiene unos compuestos humectantes que facilitan que el agua moje la tierra homogéneamente.

Seis recetas de tierra

Se puede cultivar cannabis en substratos muy diferentes. En realidad basta con que drenen bien, sean esponjosos y aguanten algo de humedad. La perlita, la arena y la lava volcánica dan drenaje y oxigenación a la mezcla. La tierra, el estiércol, el humus de lombrices, la turba o el compost añaden humedad y nutrientes. La vermiculita aporta principalmente humedad. Cualquier mezcla que aporte oxígeno, agua y nutrientes a las raíces servirá. Las siguientes recetas de tierra son todas válidas para el cannabis; unas son más húmedas, otras drenan mejor…pero todas funcionan bien.

Es importante vigilar la calidad de la tierra que usamos. La tierra fértil de prado puede ser muy buena pero también es posible que contenga semillas de malas hierbas o huevos de insectos. La tierra comercial de saco suele estar bien equilibrada y tener un Ph adecuado, algunas también se esterilizan para matar las semillas y los huevos. No se debe usar tierra vieja ya utilizada. La tierra usada tiene sales acumuladas y deficiencias de nutrientes. Siempre merece la pena plantar en tierra nueva, especialmente cuando se cultiva un vegetal tan preciado.
Es importante mezclar los componentes de las recetas a conciencia para que no queden terrones y el substrato sea homogéneo.
1)
5 partes de tierra
2-3 partes de perlita
2 partes de humus de gusanos
1 parte de arena
2)
1 parte de humus de gusanos
1 parte de estiércol
1 parte de arena
3)
1 parte de turba
1 parte de humus de gusanos
1 parte de perlita
4)
4 partes de tierra
1 parte de vermiculita
1 parte de perlita
5)
2 partes de tierra
2 partes de compost
1 parte de arena
1 parte de perlita
6)
2 partes de compost
1 parte de perlita
1 parte de arena
1 parte de lava

Selección de semillas

Quizás el factor más decisivo para cultivar buena marihuana sea la calidad de la semilla. Los genes de cada semilla son como su libro de instrucciones y contienen la información de cómo será la planta cuando crezca. Son los genes de una semilla los que determinan su potencial: cuánta resina puede producir, el tamaño de los cogollos o la duración de la floración. Si una semilla no tiene la información genética para producir mucha resina, nunca la producirá por muy bien que se cultive.
Es imprescindible plantar semillas buenas para cultivar buena marihuana. Las semillas suelen venir de tres fuentes: un amigo que cultiva, encontradas en marihuana comercial o de un banco de semillas. De las tres fuentes, el banco de semillas es la que más garantías ofrece. Podemos estar seguros que la semilla corresponde a la variedad que hemos comprado y que su genética ha sido seleccionada para la producción de resina. Las semillas de los amigos y las de la hierba comercial pueden ser buenas o malas pero no lo sabremos hasta la cosecha, tras varios meses de cuidados.
Las semillas deben ser oscuras y de aspecto céreo, brillante. El tamaño de la semilla no es necesariamente un indicador de calidad. Descarta las semillas de color claro o huecas, también las que se rompan al apretarlas ligeramente entre el índice y el pulgar .

Germinación

La germinación de una semilla es su nacimiento, y debe ser realizado con cuidado. Para germinar, la semilla necesita humedad, aire y calor. Algunos cultivadores germinan sus cañamones directamente en la tierra. Hay que plantarlas a medio centímetro de profundidad y regar la maceta. Se puede poner un trozo de plástico de alimentos cubriendo la maceta para mantener alta la humedad. En el momento en que las plantas germinen se retira el plástico para no favorecer la aparición de hongos. No hay que regar seis veces al día; si se usa el plástico, probablemente un riego justo después de la plantación será suficiente hasta que las semillas germinen. Una vez que ya han nacido hay que regar cuando la capa de arriba de la tierra de la maceta esté secándose.
Otros cultivadores prefieren germinar las semillas antes de plantarlas. Colocan las semillas entre dos servilletas de papel, bien húmedas pero no empapadas, dentro de un recipiente cerrado que mantenga la humedad. Las semillas tardan de uno a siete días en germinar. Cuanto más vieja es una semilla más tarda. Los cañamones que no hayan germinado en una semana probablemente ya no lo harán o, si lo hacen, darán lugar a plantas débiles. La semilla debe estar en contacto con el papel húmedo para que pueda absorber humedad y germinar.
La germinación se produce normalmente sin problemas a la temperatura ambiente del interior de las casas. Si hace mucho frío y la casa no está entre los 20º y 30º C de temperatura podemos colocar el recipiente con las semillas en un lugar templado (encima de la nevera es un buen sitio) pero no demasiado caliente. No uséis un radiador, la temperatura es excesiva.
Es muy recomendable vigilar las semillas cada pocas horas y pulverizar algo de agua para que no se sequen las servilletas. Una vez que la cáscara de la semilla se ha abierto y asoma la punta de la radícula (la primera raíz) hay que plantarla lo antes posible. Se debe plantar la semilla como a medio centímetro de profundidad, sin compactar apenas la tierra de encima y con la punta de la raíz hacia abajo.
Con tierra nueva, no hay que fertilizar por lo menos hasta que la planta tiene tres semanas o un mes ya que los nutrientes que contiene son suficientes. Una vez que la planta ronde el mes debemos comenzar el programa de fertilización. Durante los meses en que el cannabis crece, necesitará un fertilizante con bastante nitrógeno (N), poco fósforo (P) y algo de potasio (K). Todos los abonos que se venden en las tiendas, listan en sus etiquetas el porcentaje que contienen de estos tres elementos. Aparecen las letras N-P-K seguidas de los porcentajes de cada cosa (por ejemplo, 10.3.5 o 12.6.6.). Consigue un abono que tenga, además, microelementos.
Es más seguro abonar poco que mucho porque siempre se puede añadir más pero no siempre se logra salvar una planta sobrefertilizada. Como regla general utiliza la mitad o la tercera parte de lo que diga la etiqueta del abono. Las marías no crecerán más porque eches el triple de abono sino que se quemarán.

© José T. Gállego

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